LA
FE INTACTA
9 Estrellas, 1 escudo y un nombre, Santa Fe, todo esto representa
para miles de bogotanos una pasión, la cual se reúne y se siente a niveles
mayores en un día de partido, pero no cualquier partido, hoy el conjunto
capitalino juega partido clave en el torneo de clubes más importante de
América, la copa Libertadores. La cita es en la casa de “León”, el Estadio
Nemesio Camacho el Campin, su rival The Strongers, equipo boliviano que sueña
con acabar con la esperanza de clasificación a la siguiente fase del rojo y
blanco, ambos lucharan como gladiadores en la arena, el ganador clasificara y
el perdedor saldrá del camino por el sueño de la gloria continental.

A las afueras del
estadio “El Campin” van llegando miles de hinchas, se aprecien de todas las
edades, sexos y colores, todos ellos con la esperanza de ver clasificar a su
equipo a la siguiente instancia de este prestigioso torneo. Algunos se dejan
cautivar por los cientos de puestos de comidas rápidas que copan los
alrededores del estadio, desde combos de hamburguesa con gaseosa, pasando por
los perros calientes y el inigualable olor de los pinchos de carne, son los
platillos principales de este mercado de comidas, ya sea con el fin de calamar
el hambre que producen los nervios antes de un partido o para evitar los
precios de las comidas dentro del estadio. Como es de ser buen colombiano,
algunos disfrutan la previa del partido con una cerveza, líquido que para un
buen amante del fútbol es imprescindible para disfrutar de este hermoso deporte.
Dentro del estadio
poco a poco se van llenando las sillas, las cuales medianamente serán
utilizadas durante el partido para sentarse, ya que es natural que muchas veces
se ve obligado a estar de pie para lograr obtener una mejor panorámica del
terreno de juego. Se vislumbran y cuelgan banderas, o popularmente llamados
“trapos”, por todo el estadio, frases, barrios y grupos que quieren
manifestarse que están presente apoyando al equipo que tanto aman representados
siempre por los colores característicos del club, rojo y blanco.
Suena el himno de
Bogotá, todos los hinchas capitalinos se ponen de pie, hondean sus banderas y
bufandas, lo entonan cual himno de guerra, que los llene de fuerza y les haga
sentir a los jugadores que la sangre les hierve, que se les haga agua la boca
de sed de gloria, que los haga sentirse orgullosos de representar este club, ya
que cuantos presentes en las tribunas no sueñas o quisieran con ser los
protagonistas de ese duelo, defendiendo con honor y garra los colores que les
fueron infundidos por sus padres. Algo que si es evidente antes del pitazo
inicial es que entre sus miles de hinchas la Fe está intacta.

Comienza el partido,
muchos de los hinchas conectados mediante audífonos para escuchar la narración
del partido, para escuchar las jugadas polémicas que no son muy claras de ver
desde la tribuna, rueda el balón y con ella corre el tiempo que decidirá el
destino del “león”, emoción, nervios, canticos de apoyo, chiflidos al rival y a
los árbitros, una que otra grosería recordándoles a sus rivales la mujer que
les dio la vida, estos son los panoramas presentes durante el transcurso del
partido. Llega el momento del 1-0 a favor del conjunto capitalino, por el
estadio se expande ese grito sagrado de este bello deporte, se reparten abrazos
entre los que integran la tribuna, la emoción se multiplica, la voz de la
hinchada se une y se hace más fuerte, con este tanto están logrando el
objetivo, lo necesario para seguir soñando por la conquista continental, indicando
que más que antes, la Fe está intacta.
1-1 indica el marcador, llega
el tanto del equipo visitante, duele en la hinchada, duele al equipo, y
sobretodo duele a todos que aquel gol que los está dejando por fuera de tan
prestigioso torneo internacional, haya sido un autogol; Javier Lopez quien
tenía la tarea junto con sus compañeros de conseguir la victoria, en ese
momento dejaba al conjunto rojo-blanco con un poco menos de Fe. Lo celebra la poca hinchada que viajo hasta
Bogotá para acompañar a su equipo. Es lindo lo que produce el futbol, estos
pocos dejaron momentáneamente familias, trabajos, responsabilidades, se
aguantaron un viaje largo y todo por alentar a su equipo, así sean solo unos
pocos, que se ven encerrados por los 18 mil espectadores santafereños, que se
ven minoría en un rincón, disfrutaban de aquel gol que los clasificaría a la
siguiente fase, mientras que el león se le escapaba el sueño de las manos.
Llega el entretiempo
sin demás modificaciones en el marcador, a pesar del marcador los hinchas
aplauden, saben que les queda el segundo tiempo para revertir el marcador a su
favor, pero primero de eso, deben atender las necesidades biológicas, unos
cuantos se levantan para ir a los no muy agradables y vistosos baños del
estadio, otros atienden la necesidad de recargar energías luego de 45 minutos
de saltar, gritar, putear y cantar un gol. Proceden a comprar lo que se ofrece
en el estadio, papas, gaseosas, dedos de queso y lechona, a pesar de ser a unos
precios no muy cómodos, la necesidad de la gente de llenar el estómago del
vacío que les produjo aquel autogol, que por el momento los estaría
sentenciando a terminar su participación de la copa Libertadores.
Arranca la segunda
mitad el encuentro, son 45 minutos con los que cuenta el “león” para marcar el
gol que les de la clasificación, caras de ansiedad y preocupación, es ahora el
panorama de muchos de los rostros de los miles de hinchas reunidos. El juego
continuo y cada vez el tiempo corre, para aquellos que están en la necesidad el
tiempo vuela, estando en su contra, pero en un rincón del estadio quienes
necesitan que el tiempo vuele, se tergiversa lento cada minuto que pasa, como
si fueran horas. El conjunto local no encuentra el camino, la desesperación se
trasmite a los jugadores, cometen errores, jugadas sin sentido, jugadores que
parecen fantasmas dentro de la cancha porque no aportan, no se ven. El
“Cardenal” se ve sin ideas, no encuentra el camino, sus hinchas se desesperan,
porque el panorama cada vez va acabando poco a poco con la Fe de los hinchas
santafereños, 5 minutos agregados por el árbitro, es el último aliento de vida
que le queda para sobrevivir al “león”.
Pitazo final.
Frustración, ira, tristeza, impotencia, es lo que reflejan los rostros de
jugadores e hinchas que representan la camisa “cardenal”, un 1-1 sentenciado
los deja por fuera, ya no hay camino a la gloria, fueron 90 minutos de Fe, de
alentar, de nunca dejar de creer, pero no basto. Es calve aclarar que aquel que
juega futbol desde niño, sueña algún día tocar la gloria con las manos
levantando tan prestigioso trofeo, que lo acredita como máximo campeón del
continente, se imagina dando todo por una camiseta dentro de un campo de juego,
haciendo lo que le gusta, disfrutando ser aclamado por miles de hinchas, es uno
de los sueños de todo niño que ama el futbol. Para aquellos que por “una lesión
de rodilla” o “mucha rosca” no lograron alcanzar aquel sueño, les queda el
anhelo de ver al equipo de sus amores conquistando el continente, por eso les exige
desde afuera que sean guerreros dentro del campo, que den la vida durante 90
minutos por el escudo que llevan en frente, que les dé una alegría a una
hinchada que nunca abandonara.
Salen miles de
hinchas, se acabó la magia del espectáculo que proporciona este bello deporte,
unos se dirigen a la estación de Transmilenio, otros con suerte logran subirse
rápidamente a un taxi, otros esperan salida del parqueadero aledaño al Campin
que se convierte en una odisea de carros por aquí y por allá, buscando salida
para llegar a sus hogares. A pesar de todo esto todos aquellos hinchas tiene
algo claro, la pasión por un equipo, el amor por aquella camiseta, jamás se
verá disminuida por un resultado. Como dijo el gran Eduardo Galeano, poeta de
nuestro bello deporte “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de
partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol” No
importa la religión de ningún hincha santafereño, algo que si está claro es que
la Fe sigue intacta.
Nicolas Rodriguez
Luis Perez












